• Argentina
  • Bolívia
  • Brasil
  • Chile
  • Colômbia
  • Costa Rica
  • Cuba
  • Equador
  • El Salvador
  • Guatemala
  • Honduras
  • México
  • Nicarágua
  • Panamá
  • Paraguai
  • Peru
  • República Dominicana
  • Uruguai
  • Venezuela
Agroindústria
El pequeño productor de café en Brasil y en Colombia: ¿Necesidad del mercado o necesidad social?

El pequeño productor de café en Brasil y en Colombia: ¿Necesidad del mercado o necesidad social?

Anapaula Iacovino Davila[1]
 
 
Resumen
El presente estudio investigó las razones para la reducción del precio del grano de café y si con esto los pequeños productores de Brasil y de Colombia sufrieron consecuencias. Los resultados de la investigación condujeron a la idea de que el crecimiento de la oferta del café verde, el cual no fue acompañado por el aumento del consumo, y habría sido el principal responsable por la reducción de los precios. Además de eso, el estudio concluyó que ser pequeño no fue condición determinante para ser perjudicado; mejor dicho, hay ventajas en ser un pequeño productor, principalmente con relación a los costos de mano de obra. Así, respondiendo a la pregunta del título de este estudio, la investigación concluyó que el café es una necesidad económica, por generar empleos y divisas, y es también una necesidad social, una vez que puede ser un camino viable para la inclusión de los pequeños productores en la facturación creciente del comercio internacional del café.
 
Palabras-clave: productor; comercio internacional; café; Brasil; Colombia.
 
Abstract
This study has examined the reasons for this fall in the price of the coffee bean, and whether the producers in Brazil and Colombia have suffered consequences. The results of the investigations have led to the idea that, the growth in supply of green coffee beans, which was not met by the increase in demand, would have been chiefly responsible for the fall in prices. Moreover, the study has concluded that being a small producer has not been the determining condition for being harmed; on the contrary, there are actually advantages in being a small producer, especially regarding costs with labor. Thus, answering the title question of the study, the investigation has concluded that coffee is an economic need, for generating jobs and foreign exchange credits; and it is also a social need, once it can be a viable way for the inclusion of small producers in the growing profits of international coffee trade.
 
Key words: producer, international trade/commerce, coffee, Brazil, Colombia.
 
 

Introducción
Obras que abordan el perfil del pequeño productor de café son incipientes en la literatura. La mayor parte de ellas se ocupa del papel que el café ejerce en la política, economía e historia, tanto de Brasil como de los otros países.
Como en los últimos años de la década del 90, el precio del café verde tuvo una reducción significativa, y en la misma década, fue verificado un aumento en el lucro de las pocas empresas que compran café verde para la industrialización y reventa a los países consumidores, surgió la hipótesis de que estas empresas estuviesen organizadas bajo la forma de oligopsonio.
Este artículo pretende constatar si la hipótesis citada anteriormente es verdadera, y de esta forma diagnosticar otras posibles razones para la caída de los precios. Para esto, se inicia con análisis sobre el concepto del pequeño productor; en seguida se destacan características de los pequeños productores de Brasil y Colombia. En la tercera parte se traza un panorama del mercado internacional del café, y se encierra con las consideraciones finales.
 
Parte 1 - Concepto de Pequeño Productor
Es recurrente en la literatura la confusión que se establece entre los conceptos de campesino, pequeño productor y agricultor familiar. Menciona Blum (1999, p.68), un concepto se debe afirmar en la finalidad del estudio al que se destina. En este caso, por tanto, en el cual se analiza la situación del pequeño productor frente a un posible oligopsonio, el concepto deberá atender al requisito de la relación mercantil.
1.1 Campesino
Abramovay (1992, p.108), al conceptuar campesino, cita Redfield, y reproduce:
 
Llamaré de campesino a quien tiene al menos estas características en común: su agricultura está direccionada para su consumo (their agriculture is a livelihood), es un modo de vida y no un negocio que tiene en vista el lucro [...] se ve a un campesino como a un hombre que tiene control efectivo de la parcela de tierra a la cual se encuentra vinculado hace mucho tiempo por lazos de tradición y sentimiento.
 
Se puede afirmar que las relaciones mercantiles no son el objetivo central de la vida campesina, pero que el mantenimiento y reproducción de la trinidad comentada anteriormente, están dentro de un conjunto de valores. De otro modo, como destaca Abramovay, (1992, p. 116) la “economía campesina se caracteriza contraria al riesgo”.
Obras clásicas que abordan el tema del campesino se refieren al desaparecimiento de esta clase. Engels, por ejemplo, resume de forma bastante objetiva una perspectiva campesina: “[...] En una palabra, nuestro pequeño campesino [...] está condenado irremediablemente a perecer. El pequeño labrador es un futuro proletario” (ENGELS, 1981: 63)[2].
Discurriendo sobre autores clásicos en su obra Labradores y pequeños productores de caña, Neves recurre a Marx, adopta la expresión “pequeño productor agrícola” y así como Engels, aborda un tema fundamental: el no “mantenimiento” de una clase, vista hasta ahora como característica del campesinado, pero al contrario, su “transformación” y consecuente eliminación. La clase que tiene como objetivo central “subsistencia y reproducción” estaría predestinada a la eliminación:
 
De la perspectiva marxista, el tema de la subordinación del pequeño productor agrícola al capital es analizado a partir de los mecanismos de transformación y eliminación de la unidad de producción familiar. [...] El análisis recae sobre las contradicciones sociales, los procesos de transformación del pequeño productor en pequeño burgués o en proletario, las relaciones que establecen con el capital en sus varias formas o con el mercado (NEVES, 1981, p.15-16).
 
1.2 Pequeño Productor
El concepto de pequeño productor se confunde con el de campesino por ser una categoría preocupada también con la conservación de la trinidad familia, tierra, trabajo. Entretanto, se percibe una “integración parcial[3]” al mercado en la medida que parte de su producción, la cual es dirigida para ese mercado. De esta manera, el pequeño productor se diferencia del campesino en el ítem de relación mercantil y su preocupación con racionalidad[4], con eficiencia y con productividad.
Siguiendo ese concepto y siendo el café un producto eminentemente comercial, se podría deducir que no hay campesino en este segmento, pero siempre pequeños productores. Esta afirmación seria válida si no fuese una característica encontrada en Colombia: mitad de los colombianos cafeteros que tienen chacras de hasta cinco hectáreas no tienen condiciones de sustentarse y dependen del gobierno para la compra de sus cosechas. Por tanto, hay una parcela de productores no inseridos en el mercado (el ítem 2.1 ofrece más informaciones).
 
1.3 Agricultura familiar:
El concepto de agricultura familiar adoptado por la “Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa)” [5] es muy similar al del campesino, pues presenta la trinidad familia, tierra y trabajo nuevamente como factores centrales:
 
Forma de organización de producción donde los criterios utilizados para orientar las decisiones relativas a la exploración no son vistos únicamente por el ángulo de la producción, rentabilidad y económica, pero considera también las necesidades y objetivos de la familia. Al contrario del modelo patronal, en el cual hay completa separación entre gestión y trabajo, en el modelo familiar estos factores están íntimamente relacionados[6].
La diferencia fundamental entre los conceptos de agricultura familiar y de pequeña producción está en el límite cuantitativo que la pequeña producción presupone. Las unidades familiares no consideran ese límite; al contrario, pues, según Abramovay (1992, p.142), ellas pueden ser “grandes” en relación a su volumen y valor de producción [...]. Lo interesante es que mismo estas unidades de grandes dimensiones económicas, permanecen en la mayor parte de los casos, familiares en relación a su composición social”[7].
Es como si el desarrollo del sistema capitalista estampase niveles. En primer nivel aparece el campesino, cuyos principales objetivos son preservar y reproducir su categoría. Registrando una dosis de inserción o relación mercantil y las consecuentes preocupaciones con la racionalidad, productividad y eficiencia, así pasa entonces para pequeño productor; el agricultor familiar aparece en tercer nivel, no por ser más racional y eficiente que el pequeño productor – este análisis no tiene elementos suficientes para cuantificar la racionalidad empleada e indicar quien hace mejor uso de ella: si es el pequeño productor o el agricultor familiar ­–, pero por estar libre del límite cuantitativo de producción y pudiendo volverse gran productor (en volumen), pero, con una estructura administrativa de carácter familiar, (conforme ya vimos anteriormente con Abramovay).
 
Parte 2 – Colombia y Brasil
2.1 Colombia
La participación de las exportaciones de café en el PIB de Colombia era de 9,7% en la década del 50; cayó para 4,4% en el período de 1990 – 1998 y alcanzó 1% en 2001 (CORRAL et al., 2001, p.1). Entre tanto, esa disminución – de 5,3 puntos porcentuales en un periodo de 40 años y después de 3,4 puntos en apenas tres años – a pesar de intensa, no constituye la preocupación central del sector en virtud de algunas de sus características. Ellas son, la heterogeneidad, la proliferación de minifundios y la escasez de tierras. Características estas, que impiden o que al mínimo, dificultan la reversión del cuadro inicialmente citado de reducción de la importancia del café en la pauta de las exportaciones del país.
La heterogeneidad se refiere a la mezcla de características presentadas por el sector, sea en términos de área de las chacras, en productividad o aún en condiciones de vida de los productores.
            La proliferación de minifundios es confirmada en el estudio de Fonseca, en el cual el número de productores aumentó de 300 mil en 1970 para 500 mil en la actualidad. Por su vez, el tamaño medio de un cafetal era de 4,6 hectáreas en 1980 y hoy es de 1,5 hectáreas. Además de eso, en 1970, 12,6% de las haciendas tenían menos de una hectárea; hoy ese porcentual subió para 62% y las mayores haciendas de 20 hectáreas, que totalizaban 16,5%, hoy son 0,4%, (FONSECA, 2002, p.5).
Las áreas dedicadas a la plantación de café son cada vez más escasas. Actualmente se cultivan cerca de 750 mil hectáreas, es una área 25% menor que al inicio de la década del 90 (FONSECA, 2002, p.2). Para Garcia ([s/d], p.4), que comparó las mudanzas entre 1970 y 1993/97, los números son sensiblemente diferentes de los de Fonseca (los de Fonseca son más recientes y confirman la continuidad en el proceso de reducciones): “La información (de la Encuesta Nacional Cafetera) indica que a la par que el área de la zona cafetera pasaba de 4.4 millones de hectáreas en 1970 a 3.6 millones en 1997 (-18%); el área cultivada con café se reducía de 1.05 millones de hectáreas a 869 mil (-17%) [...]”.
Siguiendo los conceptos de campesino, pequeño productor y agricultor familiar presentadas en la Parte 1 de este artículo, generalmente esos micro productores colombianos son clasificados como campesinos, porque se empeñan en el mantenimiento y en la reproducción de la familia, de la tierra y del trabajo.
Conviene destacar todavía que, en Colombia, la especialización es mayor cuanto menor la chacra, en una proporción que varia de 84% del área dedicada al café en chacras hasta una hectárea y dedicación hasta de 6% del área en chacras con más de 100 hectáreas. El gráfico a seguir ilustra esa relación:
 
Fuente: Censo Cafetero, FEDERACAFE, 1970; Sistemas de Informaciones Cafeteras (SICA), FEDERACAFE,1993-97. In: GARCIA, [s/d], p.7, Cuadro 2.
 
Siendo el café un producto eminentemente comercial, o sea, no es un producto dirigido para la subsistencia, aquí se podría deducir una paradoja: ¿Cómo esos micro-productores pueden ser clasificados como campesinos – y por definición, no tener una preocupación mercantil – si dedican una extensa área al café, que es un producto comercial? La posible respuesta puede venir de la garantía que reciben por la compra del producto, asistencia técnica y crédito disponible. En 2003, el gobierno sustentó el precio, pagando al productor US$ 3,44 por saco de 125 kilos[8].
De este modo, afirma Kautsky (1980, p.58): “Actualmente el campesino no produce más para sí mismo, [...] todo lo que tiene necesidad. Él es obligado a comprar [...] los instrumentos [y] parte de sus géneros alimenticios, que su explotación especializada no proporciona, o no lo hace en cantidad suficiente”.
En Colombia, apenas mitad de los productores con chacras hasta cinco hectáreas tienen condiciones de vivir dignamente por el café, según Cardona y Vallejo (2001, p.1), se sustenta en los resultados del estudio realizado entre 1993 y 1997, y con base en las estadísticas del Sistema de Información Cafetera (SICA):
 
[...] de los 387 mil propietarios de predios cafeteros con extensiones menores de cinco hectáreas, el 50% tiene la capacidad de conservar sus características de productor y sostenerse con base en la actividad agropecuaria como mayor fuente de ingresos, esto sólo si incrementan la productividad en finca y reducen sus costos de producción.
 
Esta característica transforma tanto a los campesinos como a los pequeños productores en categorías dependientes del mercado, pero en perspectivas diferentes: mientras el primero es dependiente en el sentido de adquisición de los productos que necesita, el segundo va en sentido de encontrar compradores para sus productos, y tratándose de productos para exportación, se vuelven aún vulnerables en relación a las variaciones de los precios internacionales.
Además de la dependencia del mercado, otra característica dificulta aún más la situación: la cantidad de los pequeños. Con las palabras de Abramovay, (1992, p.193),
 
la agricultura familiar es indudablemente la actividad económica en el capitalismo contemporáneo y más fuertemente sometida a opresión colectiva en la organización de la producción. Su pulverización en millones de pequeñas unidades mercantiles tiene como contrapartida la unidad en el plan de oferta, la obediencia a un planeamiento frecuentemente estricto, en resumen, la capacidad de funcionar en gran parte como organismo único.
 
2.2 Brasil
De acuerdo con el Censo Agropecuario de 1995 - 1996, del IBGE, en Brasil existen 4.86 millones de establecimientos productivos. De este total, 85,2% son de agricultores familiares y el restante pertenece a la categoría Patronal.
La Tabla mostrada abajo indica que del total de unidades agrícola-familiares, 39,4% son casi sin renta; 20,4% tienen renta media; 16,9% tienen renta baja y la minoría, 8,4%, obtienen las mayores rentas. Otro aspecto interesante a destacarse es que la mayoría de las unidades agrícola-familiares, 44,1%, es poco integrada al mercado. Se presume, por tanto, la razón de haber gran cantidad de familias casi sin renta (39,4%), esto porque aún en la misma Tabla, se verifica que la mayor parte del valor de la producción se concentra en las familias con mayor integración al mercado.
Tabla 1: Número de Establecimientos, Valor Bruto de la Producción
     Familiar por Grado de Integración con el Mercado
 
Número
%
 
 
 
Total
4.859.864
100,0
 
 
 
Total Familiar
4.139.369
85,2
 
 
 
   Mayores rentas
406.291
8,4
 
 
 
   Renta media
993.751
20,4
 
 
 
   Renta baja
823.547
16,9
 
 
 
   Casi sin renta
1.915.780
39,4
 
 
 
Grado de integración con el mercado
 
 
Valor Bruto de la Producción
 (1000 Reales)
%
Muy Integrado
799.911
19,3
7.033.198
38,8
Integrado
1.422.675
34,4
6.741.870
37,2
Poco Integrado
1.824.046
44,1
4.342.656
24,0
Grado de Integración no Identificado
92.737
2,2
0
0,0
 
La relación positiva que se establece entre la renta del agricultor familiar y la integración al mercado – cuando una crece [la integración] la otra también aumenta [la renta] – es una importante característica que puede ser análogamente utilizada en este estudio – análogamente porque no es una información especifica sobre la categoría de cafeteros.
Aún de acuerdo con el IBGE[9], en la categoría Agricultura Familiar, el café se clasifica en la décima posición del ranking nacional de productos, con 256.135 establecimientos; ocupa un área de 7.29 millones de hectáreas; y genera una renta total de R$ 1.06 billones. O sea, de los 107.8 millones de hectáreas ocupados pela agricultura familiar, 6,76% son de cafeteros; del total de establecimientos destinados a la agricultura familiar en el país – 4.14 millones –, 6,2% son de cafeteros; y del valor bruto de la producción generada por la categoría familiar –R$ 18.12 billones –, 5,85% son originados del café.
La presencia de la agricultura familiar en la actividad cafetera brasilera es marcante, pues produce,
 
[...] en media, 25% del café brasileño. En el Sur llega a 43%, en el Centro-Oeste, 63%, en el Norte, 94%, en el Noreste, 23%, y en el Sudeste, 23%. Esas pequeñas unidades de producción son cultivadas en el suelo por los dueños, como también por socios, arrendatarios y asalariados rurales. Cuando hay espacio, es común que hijos casados continúen trabajando en la misma tierra[10].
 
Según el Observatorio Social[11], aproximadamente 90% de los agricultores familiares comercializan su producción con industrias procesadoras de café local, o con alguna cooperativa próxima de la región donde está instalada la chacra. Por tanto, la mayoría absoluta de agricultores mantienen relaciones comerciales con unidades próximas de donde están instalados.
La cantidad de industrias de torrefacción y el volumen de café consumido en el mercado interno configuran dos características marcantes del mercado brasileño.
 
       Las pequeñas y medianas torrefactoras aún desempeñan un papel importante en nivel local, pero están perdiendo espacio para las grandes. Los últimos tres años Sara Lee adquirió diversas empresas locales. Las cinco marcas que ella controla hoy (Café do Ponto, Pilão, Caboclo, União y Seleto) tiene 25% del mercado doméstico. El grupo Strauss-Elite, octavo mayor fabricante de café tostado y molido en el mundo, llegó a Brasil el año 2000 al comprar la torrefactora minera Três Corações.
 
En el país, las veinte mayores industrias tienen 48,13% del mercado, según la ABIC. Pero según información del Observatorio Social, solamente las multinacionales Sara Lee, Melitta, Strauss Elite y Segafredo controlan 38% del mercado. Considerando un total de 1,133 empresas, esta información da la dimensión de como el mercado brasileño está concentrado.
Entretanto, esta es una tendencia verificada con mucho más agresividad en la Unión Europea: con excepción de Austria y España, otros países como Alemania, Francia, Suiza, Finlandia, Bélgica y Reino Unido concentran como máximo dos empresas, más de la mitad del mercado de café tostado y molido. Pero Austria y España están muy próximos del perfil europeo: ambos concentran en dos empresas más de 40% del mercado, conforme informaciones contenidas en el artículo de Flores Jr. y Calfat (2002, p.14).
El consumo interno de café en Brasil creció 61% en la década del 90, de 8.2 millones de sacos en 1990 para 13.2 millones de sacos en el 2000, según la ABIC[14]. En 1990, ese volumen fue equivalente a 34% del volumen producido y en el 2000 a 41,6%. En Colombia, estos porcentajes fueron cerca de 12%. El alto volumen consumido en el mercado interno brasileño permite que los productores queden menos vulnerables a las reducciones de los precios en el mercado internacional del grano, amorteciendo posibles perdidas características de esos periodos.
Brasil es aún el mayor productor mundial de café verde y a lo largo de la década del 90, con el aumento del área plantada y de la productividad, también creció el volumen de producción. De 1990 al 2000, la producción creció 30% – de 24.41 millones de sacos de 60 kilos para 31.73 millones de sacos. La productividad, por su vez, en el periodo de 1990 y 2000, creció 67%, de 8,4 sacos por hectárea para 14 sacos por hectárea. Pero, comparado el periodo que va entre 1990 a 2002, se verifica una alta de 121%, según informaciones del IBGE[15].
 
Parte 3 - Panorama Internacional
3.1 Sobre oferta y precios
En la década del 90, la producción mundial de café creció 24,2%, de 101.05 millones de sacos de 60 kilos en 1990, para 125.48 millones de sacos de 60 kilos en el 2000[16]. El consumo, por su vez, también creció, pero en proporción menor, alta de 14,11% de 92.19 millones de sacos de 60 kilos en 1990, para 105.20 millones de sacos de 60 kilos en 2000[17].
Este cuadro configura una condición clásica de la economía, en la cual siendo la oferta mayor que la demanda presiona los precios para abajo. Y hay aún otro agravante: esta no es una situación exclusiva de la década del 90. Conforme muestra el gráfico a seguir, ilustrativo desde 1966, la oferta ha sido históricamente mayor que la demanda:
 
Gráfico 2: “Balanza de pagos del mercado internacional para el café”
 
Fuente: Hallam ([s/d], p.4).
 
Mientras son campesinos, los objetivos de sobrevivir y reproducir son garantizados por una buena cosecha. Pero, en este caso, explica Kautsky (1980, p.32): “El campesino caerá ahora sobre la dependencia del mercado, que era para él aún más variable y más incierta que la temperatura. [...] Y justamente lo que le fuera antes una bendición, se volvía un castigo: una buena cosecha”. Es la sobre oferta y la consecuente reducción en el nivel de precios, en caso de demanda estancada.
            La reducción de los precios está demostrada en el gráfico a seguir, ilustrativo desde 1960. Se percibe que con excepción del repique verificado en 1977, hay una tendencia de reducción histórica; eventuales altas son siempre menores que las verificadas en periodos anteriores.
Gráfico 3: “Tendencias y variabilidad en los precios reales del café (precios medios anuales deflactados por el VUM, 1999 = 100)
 
Fuente: Hallam ([s/d], p.2-3).
 
3.2 Concentración en la adquisición y en la distribución
En el segmento de torrefacción y molido, las cinco mayores empresas fueron responsables por la adquisición de 69% del café verde en 1999, caracterizando un oligopsonio, conforme el gráfico a seguir:
 Fuente: Food World R & C. In: Flores Jr. y Calfat, 2002, p.14.
                                                                                     
De acuerdo con Osorio (2002, p.1), mientras en el inicio de la década del 90 se registraba un lucro entre US$ 10 billones y US$ 12 billones en los países productores, y ventas de cerca de US$ 30 billones en los países industrializados, en 2002 la desigualdad entre productores e industriales creció: mientras los primeros sufrieron una disminución para US$ 5.5 billones en el lucro, cerca de 50% de reducción, países industrializados ampliaron sus rentas para US$ 70 billones, alta de 133%. Según otra fuente (FLORES et al., 2002, p.14), el comercio de café tostado generó en 2000 un lucro de US$ 55 billones, del cual los países productores participaron con US$ 8 billones.
La consolidación de ese oligopsonio y oligopolio ocurrió al mismo tiempo en que aumentó el número de unidades agrícola-familiares – especialmente en el caso de Colombia, de 300 mil para 500 mil productores entre 1970 y 1990.
Queda claro, por tanto, la deterioración de las condiciones de negociación, didácticamente explicada por Sandroni (1980, p.50-51):
 
[...] En esta estructura de circulación, la atomización es mayor en las dos puntas del circuito. O mejor dicho, por un lado los pequeños productores mercantiles son más dispersos y desorganizados que los capitalistas comerciales que adquieren sus productos; por otro lado, los consumidores finales son por su vez más dispersos y atomizados que los comerciantes minoristas de quienes adquieren géneros alimenticios. En estas circunstancias, es razonable suponer que el sector comercial compra a precios “bajos” y vende a precios “elevados”, esto es, su posición es ventajosa tanto en la compra como en la venta de los géneros alimenticios. Lo mismo sucede, solo que de manera más concentrada, en el caso de agroindustrias, cuando grandes empresas industriales [...] compran materias-primas de pequeños productores [...] a precios irrisorios y venden el producto industrializado a precio de monopolio.
 
Consideraciones Finales
La tentativa de establecer comparaciones entre pequeños productores de café de Brasil y de Colombia siempre caen en una clásica diferencia: en Colombia, 62% de los 500 mil productores cultivan áreas menores que cinco hectáreas; y 26,5%, entre 5 y 20 hectáreas; o sea, 88,5% son mini y pequeños productores (FONSECA, 2002, p.4). En Brasil, de acuerdo con el IBGE, 10% de los cerca de 256.1 mil productores cultivan hasta 10 hectáreas; 45%, entre 10 y 100 hectáreas; o sea, 55% son pequeños y medios productores. Visto por ese ángulo, la diferencia entre los universos analizados es significativa: son cerca de 25 mil brasileños para cerca de 400 mil colombianos.
En Colombia, hay una mayoría de micro y pequeños productores, cuya eficiencia e índices de productividad son bajos. Campesinos en su mayoría, mitad tienen condiciones de sobrevivir del propio trabajo. La otra mitad, del punto de vista económico, es ineficiente: reciben del Estado[18] pago de precios mínimos por el saco, que garantiza su reproducción y mantenimiento en el campo y ejerce un papel social: conservar a los productores en el campo, evitando así aumentos en las estadísticas de desempleo y de violencia urbana del país, y que ex-agricultores se vuelvan guerrilleros en grupos considerados rebeldes, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Infelizmente, para los 10% de productores brasileños que cultivan hasta 10 hectáreas, parcela similar al de la gran mayoría de productores colombianos, aún urgen estudios sobre sus condiciones sociales y también económicas. Las informaciones dan indicio de que están poco integrados al mercado, que no hacen uso de tecnología y que, por tanto, son poco eficientes. Se verifica aquí un indicio de semejanza con los micro productores colombianos. A pesar de que las informaciones no sean exactas para esa categoría, es posible concluir que la garantía de una estabilidad económica que permita condiciones sociales adecuadas depende mucho más de su eficiencia que del tamaño de la chacra. De otro modo, hay ventajas en ser pequeño productor, principalmente en relación a los costos con mano de obra.
Esta ventaja, entre tanto, por veces no es suficiente para evitar la precarización de las categorías de micro y pequeños productores. Por empeoro, o precarización, se entiende un conjunto de factores que promueven o que refuerzan una mala calidad de vida para los productores. De naturaleza económica, se pueden citar la transferencia de renta y las relaciones de fuerza desiguales en el mercado, consecuentes de la estructura de ese mercado, pulverizada en la oferta y concentrada en la demanda. Además de esto, pueden también ser citadas la especialización y el alto grado de dependencia del café en pequeñas chacras, y la histórica mayor producción mundial que el consumo.
Al final de la década del 90 hubo una reducción histórica en el precio del grano verde. La estructura del comercio internacional de café verde, hipótesis inicial de este artículo, no fue la única responsable por la reducción del precio de los granos. También se pueden destacar las nuevas plantaciones y exportaciones de Vietnam, el fracaso y la desorganización en los acuerdos internacionales y el crecimiento insuficiente del consumo mundial. Factores internos a los dos países en análisis también contribuyeron para eso, como la estructura productiva rústica de algunos micro y pequeños productores y el alto nivel de mecanización de otros – esto es, de un lado, granos de baja calidad y de otro, aumentos de productividad.
Véase el caso de Colombia, donde se verificó una disminución del área plantada. Esa reducción no fue consecuencia de una estrategia del sector de buscar una cafeticultura más intensiva y productiva. Ella fue simultánea al aumento del número de micro y pequeños productores con mala calidad de vida y de la concentración de tierra con los mayores productores. La ineficiencia también es responsable por los bajos precios.
El propio Brasil, interesado en los precios elevados, contribuyó para la reducción: hubo aumento de las exportaciones en razón de la expansión del área plantada, aumentos de productividad y la desvalorización de su moneda, el real, en 1999.
Todos esos hechos de la década del 90 fueron importantes y sirvieron para reforzar al principal responsable por la reducción de los precios: la oferta mayor de la demanda, en un segmento donde la demanda es inelástica al precio y por tanto, el consumo no reacciona a su caída; y la oferta, por su parte, no puede reaccionar rápidamente a las reducciones en los precios porque depende del ciclo agrícola de producción. El desequilibrio entre la oferta y la demanda del café no es un problema exclusivo de la década del 90 y con su persistencia, variaciones en los precios continuarán ocurriendo, perjudicando inclusive a productores grandes y competitivos. 
 
Referencias Bibliográficas
 
ABIC. ASSOCIAÇÃO BRASILEIRA DA INDÚSTRIA DO CAFÉ. Características da
 indústria de café torrado e/ou moído. Rio de Janeiro, abr. 1998.
ABRAMOVAY, R. Paradigmas do capitalismo agrário em questão. São Paulo-Rio de
Janeiro-Campinas: Ed. Hucitec / ANPOCS, 1992.
BLUM, Rubens. Agricultura familiar: estudo preliminar da definição, classificação e
problemática. In: TEDESCO, João C. (Org.). Agricultura familiar: realidades e
perspectivas. Passo Fundo: EDIUPF, Universidade Passo Fundo, 1999.
CARDONA, J.G., VALLEJO, J.R. Sostenibilidad económica de las pequeñas
explotaciones cafeteras Colombianas. Federación Nacional de Cafeteros de
Colombia, Bogotá, Colombia, 2001.
COFFEE BUSINESS. Anuário Estatístico do Café 2004/2005. Rio de Janeiro, 2004.
CORRAL, M.P. et al. Quantificación de los impactos micro-macroecnómicos sociales d
e la crisis cafetera en Colombia. Bogotá: Centro de Estudios Regionales, Cafeteros y Empresariales – CRECE, 2001.
DAVILA, Anapaula I., O pequeno produtor de café no Brasil e na Colômbia:
necessidade do mercado ou necessidade social? 2005. 156f. Dissertação
(Mestrado) – Programa de Pós-Graduação em Integração da América Latina,
Universidade de São Paulo, São Paulo, 2005.
FLORES JR. R.; CALFAT, G. Government actions to support coffee producers – An
 investigation of possible measures from the European Union. Ensaios
Econômicos, nº 448. Rio de Janeiro: Escola de Pós-Graduação em
Economia da Fundação Getúlio Vargas, 2002.
FLORES, M. et al. Centroamerica: El impacto de la caída de los precios del café.
México: Cepal, 2002.
FONSECA, L.A. Colombia: Escenario social, económico e institucional de la actual
crisis cafetera.México: CEPAL, 2002.
GARCIA, Julián. Evolución de la distribución de las sítios cafeteras Hacía una
regionalización de la caficultura colombiana. Bogotá: Federación Nacional de
Cafeteros de Colombia, s/d.
HALLAM, D. El descenso de los precios de los productos básicos y la respuesta de la
            industria: algunas enseñanzas derivadas de la crisis internacional del café FAO,
Acceso el 10/01/2005.
KAUTSKY, K. A questão agrária. 3.ed. São Paulo: Proposta Universitária,1980.
NEVES, Delma P. Lavradores e pequenos produtores de cana. Rio de Janeiro: Zahar
Editores, 1981.
OSORIO, Néstor. A crise global do café: uma ameaça ao desenvolvimento sustentável.
Johanesburgo: Comunicado à Cúpula Mundial sobre Desenvolvimento Sustentável, agosto 2002.
SANDRONI, Paulo. A questão agrária e campesinato. São Paulo: Ed. Polis, 1980.
 


[1] Master en Integración de América Latina por el Programa de Pos-Grado en Integración de América Latina de la Universidad de São Paulo – PROLAM/USP y pos-graduada en Economía Social y Desarrollo – América Latina – en la Pontificia Universidad Católica – PUC/SP. Graduada em Ciências Económicas en la Fundación Armando Alvares Penteado (FAAP), dónde hoy és profesora en el curso de Relaciones Internacionales.
E-mail: iacovila@uol.com.br. Este artículo describe la esencia de la disertación de maestría de la autora. Informaciones más detalladas y completas se encuentran en la disertación (Davila, 2005).
 
[2] ENGELS, F. El problema campesino en Francia y en Alemania. In GRAZIANO, J.; STOLCKE, V. (Orgs.) La cuestión agraria. São Paulo: Brasiliense, 1981.
[3]Nota de la autora: el término “integración parcial” es empleado por Abramovay (1992, p.116) cuando él trabaja el concepto de campesino. Diferente de Abramovay, para fines de la disertación y de este artículo, preferí diferenciar campesino de pequeño productor exactamente en este punto, el de la integración al mercado, por percibir que en la literatura cafetera hay una tendencia en usar el termino campesino siempre que se aborda una categoría en condiciones precarias, no inserida en el mercado y pequeño productor para una categoría con renta potencialmente promisoria, generalmente inseridos en el mercado nacional e internacional.
[4] El termino racional y sus derivados, como racionalidad y racionalización, cuando son empleados en este artículo siguen la definición de Sandroni – a pesar que el artículo se refiere a la producción agrícola y la definición de Sandroni se refiere a la industria –, en la cual racionalización significa:
 
Empleo de métodos científicos de control, organización y concentración industrial, apuntando a la disminución de los costos y al aumento de la eficiencia y de la productividad del trabajo. El proceso de racionalización valoriza también el principio de la especialización mediante reformas internas en una misma empresa, bien como la fusión de unidades productoras y mutuamente competitivas, objetivando alcanzar economías de escala”. SANDRONI, P. Dicionário de Economia. 2a. Edición. São Paulo: Nova Cultural, [(s/d)}, p.291.
[5] EMBRAPA,   http://gipaf.cnptia.embrapa.br/itens/prog09 . Acceso el 09/12/2003
[6] Informaciones del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria, INCRA, y de la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y Agricultura, FAO, divulgadas en la Internet afirman que “existen cerca de 5.8 millones de establecimientos agrícolas en Brasil; cerca de 1.4 millones son del tipo patronal y 1.1 millones son del tipo familiar, en una situación consolidada en términos de capitalización y nivel tecnológico. Los restantes 3.1 millones son también del tipo familiar, pero en mayor o menor intensidad y presentan problemas de descapitalización y acceso al crédito [...]”. Se puede complementar con las características citadas por la Embrapa: débil capacidad organizacional, baja producción en escala; dificultad de acceso al mercado; acción de intermediarios, ausencia de una política agrícola que facilite el acceso a nuevas tecnologías, asistencia técnica, financiamiento para infraestructura y patrocinio de la cosecha (FAO, http://www.fao.org/documents/show_cdr.asp?url_file=/docrep/007/y5117s/y5117s00.htm. Acceso el 10/01/2005).
 
[7] El itálico (entre comillas) es del autor.
[8] Informaciones obtenidas en el sitio de la Junta Nacional del Café: www.jnc.org.pe.
[10]Fuente: http://observatoriosocial.org.br/almanaque/Café/café_visao3.htm. Aún de acuerdo con el sitio del Observatorio Social, el café “responde por 8 millones de puestos de trabajo directos e indirectos; es producido en once Estados y 1,850 municipios”.
[11] Fuente: http://observatoriosocial.org.br/almanaque/Café/café_visao3.htm.
[12] Fuente: ABIC. In:www.abic.com.br/estatisticas.html. Acceso el 22/12/2004.
    Acceso el 10/01/2005.
[14] ABIC. In: www.abic.com.br/estatisticas.html.Acceso el 22/12/2004.
[15] Fuente IBGE. In: Coffee Business – Anuario Estadístico del Café 2004/2005, p.18.
 
[16] Fuente: Food and Agriculture Organization of theUnited Nations. In: Coffee Business - Anuário Estadístico 2004/2005, p.62.
[17] Fuente: 1990: OIC- Elaboración: Secretaría de Producción y Comercialización / Departamento del Café (SPC/DECAF) – Abril 2004. Informaciones divulgadas en el 15o. Seminario Internacional de Café de Santos – “Café do Brasil & Sustentabilidade”, realizado el día 26 de mayo del 2004.
A partir del 2000: USDA / OIC – Elaboración Coffee Business - Anuario Estadístico 2004/2005, p.98-99.
[18] El Estado colombiano paga a los productores con financiamiento de los EUA, a través del Plano Colombia, como estrategia para erradicar plantaciones de coca e incentivar a productores en la ilegalidad a migrar para la cultura cafetera.

 
últimas notícias da categoria:
 
Mais notícias desta categoria:
 
Veja todas as notícias:
 
Envie esta notícia

 Voltar
  • banner_america_latina

© Copyright 2007 / 2007 - Todos os Direitos Reservados