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Mundial femenino de fútbol no ayudará a la igualdad de las mujeres

La copa del mundo que se disputa en Alemania ha sido masivamente sobredimensionada. Pese a los mejores esfuerzos mediáticos no hay un verdadero entusiasmo entre el público general. El evento muestra lo lejos que deben llegar todavía las mujeres en su lucha por la igualdad de derechos.

A un conocido diario tabloide alemán, cuyo nombre omitiremos, le gusta publicitarse con el eslogan “Toda verdad necesita de alguien que la diga”. Michael Antwerpes es el nombre de la pobre alma a la que el destino asignó la tarea de decir la verdad respecto del Mundial de Fútbol Femenino que se desarrolla en Alemania.

No es que él haya querido ser tan sincero. Es difícil creer que Antwerpes, comentarista deportivo de la emisora pública alemana ARD, estuviera en plena posesión de sus facultades mentales cuando, durante el partido inaugural del torneo, dijo: “Es el mundial femenino, pero aún así puede ser entretenido”.

Antes del mundial ARD lanzó una intensa campaña previa de afiches pero, antes incluso del inicio del campeonato, la campaña reveló el dilema que enfrenta este deporte: el fútbol femenino se define básicamente en relación al fútbol masculino.

Por muy exitoso que sea el equipo femenino de mujeres, les quedará un déficit insuperable: no son hombres. Los afiches de la emisora no pudieron evitar generar la impresión de que ARD y Alemania hubiesen preferido un mundial masculino. Ese pensamiento está también detrás del desliz verbal de Antwerpes.

Éste reveló involuntariamente el deber público más bien forzado de entretenerse y de disfrutar el mundial femenino. Idealmente, todo sería como fue en 2006, durante el mundial masculino de Alemania. El único problema es que entonces hubo un entusiasmo genuino. Esta vez, el entusiasmo es artificial. Eso debió haber sido obvio desde un inicio. No nos engañemos: el fútbol femenino es un deporte de nicho. Un partido de liga de equipos femeninos atrae en Alemania, en promedio, unos 830 espectadores. Un partido típico de hombres reúne a más de 42.000.

Pero el mundial femenino es más que sólo un evento deportivo. Está siendo explotado por organizaciones, empresas y políticos como parte del debate sobre la igualdad de géneros. El apoyo proactivo que está obteniendo este mundial es un placebo para reemplazar la acción afirmativa. (…) Por ejemplo, el altamente influyente tabloide alemán Bild está aprovechando el mundial para transformarse temporalmente: de ser el órgano central del chovinismo masculino del país, a un diario feminista.

Tras el desliz de Antwerpes, el diario escribió que “el mundial sería entretenido si no tuviésemos que escuchar comentarios tan estúpidos”. Es bien sabido que los editores del Bild son expertos en temas de mujeres: después de todo tienen que elegir todos los días una nueva modelo desnudo para la portada del diario. Pero el diario regresó a su territorio acostumbrado cuando un par de jugadoras de la liga germana se desnudaron para la edición alemana de Playboy, haciendo que el Bild comentara que “el fútbol femenino es realmente sexy”.

Lo triste es que las jóvenes en cuestión probablemente se consideran personas particularmente seguras de sí mismas, cuando en realidad estaban reforzando inconscientemente las ideas machistas acerca de los roles de las mujeres. Iris Radisch, una astuta periodista del semanario peso pesado alemán Die Zeit, reaccionó ante estos hechos con preocupación.

Dijo que “se causa daño con la imagen de la disponibilidad femenina, que cosas como estas mantienen viva”. Pero el reflejo más claro del valor diferente que la sociedad atribuye a los logros femeninos y masculinos puede verse en lo que ganan las mujeres futbolistas. Mientras un profesional hombre de la principal liga de Alemania, la Bundesliga, gana en promedio un millón de euros al año, una futbolista sobresaliente se lleva a casa 800 euros al mes.

Si las mujeres futbolistas quisieran enfrentar su situación, podrían inspirarse en los legendarios atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, que ganaron medallas en la carrera de 200 metros en las olimpíadas de México en 1968. En la ceremonia de premiación inclinaron sus cabezas y alzaron al aire sus puños en un saludo ahora icónico del Poder Negro.

Fonte: www.lanacion.cl. Em 5 de julio de 2011| por Jakob Augstein / DER SPIEGEL

 
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